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A finales del siglo XV, don Fernando de Coca, capellán de
los Reyes Católicos, canónigo de Sigüenza y chantre de Coria, ordenó
la construcción de una capilla que sirviese para enterramiento de su
familia. La capilla de los Coca tiene planta cuadrada y se encuentra
adosada a la nave del lado sur. La enorme puerta que une la capilla con el
interior de la iglesia presenta, junto a elementos del gótico tardío,
otros que reflejan la asimilación de la nueva estética renacentista. Se
trata de un arco de medio punto en cuyo tímpano macizo están las armas
del chantre. En las pilastras de la portada aparecen, dentro de hornacinas
ojivales, las estatuas de San Pedro y san Pablo.
En el interior de la
capilla se hallan las lápidas de los padres del chantre, realizadas en
mármol y graba das con los escudos de los Coca. Bajo un arco conopial se
encuentra el sepulcro del chantre, esculpido en alabastro. La urna descansa en dos leones y sobre ella se halla la
estatua yacente del chantre con un paje reclinada a sus pies.
Los historiadores
del arte, basándose en los rasgos estilísticos y formales, han vinculado
este sepulcro con el del Doncel de Sigüenza, de la misma época, obra de
Sebastián de Toledo. El sepulcro ha sido limpiado y restaurado
parcialmente en el año 2005.
 El
extraordinario retablo hispanoflamenco de la capilla, también de
alabastro,
está dedicada a la Virgen de Loreto. Se divide en tres calles separadas
por columnas: en las laterales aparecen esculpidas escenas de la vida de
la Virgen y en la superior, el Calvario. En el banco fueron
esculpidos bustos de santos y, en el centro, la imagen del Salvador. Ha
sido limpiado con gran acierto en el año 2005.

San
Pedro, Apóstol. Detalle del retablo. |