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VOCACIONES
ECOS DE UNA LLAMADA |
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| Abriendo página. |
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Querida amiga:
Fiel a ti misma no dejas de interrogarte por el sentido último de la vida y buscar las raíces de tu ser. Ahora me preguntas de donde nacen tus deseos de saber aquello que nadie te dice y donde colocar la insatisfacción que te produce tener todo aquello que te asegura una vida exenta de necesidad material.
No lo sé, quizás deberías salir de ti, buscar afuera. La vida corre en torno nuestro a veces silenciosamente. ¿Por qué no escuchas el eco de la historia, en la vida de quienes como tú sintieron la necesidad de saber algo más de lo que saben todos?
Mira, toda vida es consecuencia de una llamada. Llamada de amor de Alguien que nos amara antes de darnos la existencia.
Querida Alicia, me resisto a creer que el mundo, las cosas que amo, yo mismo, seamos fruto del azar. Creo que en el origen de todo está el amor de Alguien y que al final de todo, me espera el amor de ese Alguien, a quien llamo mi Señor, que embellecerá mi vida hasta extremos que ahora no puedo expresar pero que en lo más hondo de mí experimento como necesidad.
Te cuento como me sitúo en medio de tantas historias, porque la historia no es sino un gran puzzle donde encajan todas ellas. Si quieres comienzo desde atrás recordando lo que aprendí de muchacho y que me ha servido como clave para entender mi vida, porque más allá de mis ancestros se que hay más.
... Cuando el mundo ya era, y la casa se convirtió en hogar, un día, Dios Padre dijo: Hagamos al hombre según nuestro ser y, mirando el rostro de su Hijo amado, el hombre y la mujer fueron llamados a la vida, y les dio su Espíritu. Entonces los bendijo y les encomendó seguir su obra. Por las tardes, a la caída de la brisa, paseaban como buenos amigos hablando de sus cosas. Desde entonces, y a pesar de todas las peripecias ocurridas al romper el hombre esta amistad primera, Dios sigue llamándonos a la vida y a continuar su obra...
Su historia y nuestra historia se hizo común. Su amor se fue amasando con el nuestro y creció un pequeño Pueblo del que nació su Hijo, su Imagen perfecta, para así restaurar la nuestra desfigurada por la primera huída.
Llamó a Abrahán, a Isaac, a Jacob, a Moisés, a David, a los Profetas... Ellos constituyeron el Primer Pueblo, en ellos descansó la promesa y se sostuvo la esperanza. De este pueblo nació, de María bendita, el que abrió la historia humana a la plenitud perdida y convocó en compañía de Doce compañeros y algunas mujeres amigas el Nuevo Pueblo de Dios que enseguida se llamó Iglesia.
El, Jesús el Cristo, después de su muerte y resurrección se ha convertido en el centro donde gravita el sentido último de los hombres. Por Cristo, con Él y en El, encontramos la razón última del amor. Por Él, con Él y en Él se hace posible el anhelo de la fraternidad, la superación de todo lo que divide, frustra y condena.
Veinte siglos después continúa entre nosotros alentándonos en todo, enseñándonos a descubrir la vida como don, a vivir entregándonos a los demás para hacer de nuestro mundo Reino de Dios.
¿Tú sabes la de historias semejantes a la suya que se han dado desde entonces? y antes de Él ¿cuántos hombres y mujeres prepararon su llegada?. Toda la historia es como ese cielo de verano que una noche contemplara Abrahán y en el que viera las historias de todos los hombres, también la tuya y la mía, la de tantos que conocemos y que ignoran la importancia de ellos mismos.
Mira, voy hacer una cosa, rescataré algunas historias de la Gran Historia de la Salvación y te las pasaré además de algunos testimonios de amigos y amigas actuales
Recibe un abrazo: Alfonso
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